CASAS RURALES casas rurales

A año tuerto, el huerto.

A asno lerdo, arriero loco.

A ave de paso, cañazo.

A ayer" lo conocí, pero a "mañana" nunca vi.

A balazos de plata y bombas de oro, rindió la plaza el moro.

A barba muerta, obligación cubierta.

A barba muerta, poca vergüenza.

A barba, ni tapia ni zarza.

A barco nuevo, capitán viejo.

A barco viejo, bordingas nuevas.

A bestia comedora, piedras en la cebada.

A bicho que no conozcas, no le pises la cola.

A bien obrar bien pagar .

A bodas ni a niño bautizado, no vayas sin ser llamado

A borracho o mujeriego, no des a guardar dinero.

A borrica arrodillada, no le dobles la carga.

A borrico desconocido, no le toques la oreja

A braga rota, compañón sano.

A buen adquiridor, buen expendedor.

A buen amigo buen abrigo.

A buen año y malo y malo, no dejes la harina en el salvado.

A buen año y malo, molinero u hortelano.

A buen árbol te arrimas, buena sombra te cobija.

A buen barón, poco le presta el aguijón.

A buen bocado, buen grito.

A buen capellán, mejor sacristán.

A buen comer o mal comer, tres veces beber.

A buen culo, buen pedo.

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

A buen hambre no hay pan duro, ni falta salsa a ninguno.

A buen hambre no hay pan duro, ni se moja en vino puro.

A buen hambre, no hace falta condimento.

A buen hambre, no hay mal pan.

A buen hambre, no hay pan duro.

A buen salvo está el que repica.

A buen santo te encomiendas.

A buen servicio, mal galardón.

A buen sueño no hay mala cama.

A buen viento, mucha vela pero poca tela.

A buena gana de bailar, poco son es menester.

A buena mujer, poco freno basta.

A buena y sin engaño, para mí quiero el provecho y para ti el daño.

A buenas ganas, huelgan las salsas.

A buenas horas, mangas verdes.

A buey viejo no le cates majada, que él se la cata.

A buey viejo no se le saca paso.

A buey viejo pasto tierno.

A buey viejo, cencerro nuevo.

A buey viejo, no le cates abrigo.

A burlas, burlas agudas.

A burra nueva, cincha amarilla.

A burra vieja, albarda nueva.

A burro muerto, la cebada al rabo.

A burro negro no le busques pelo blanco.

A burro viejo, poco verde.

A caballero nuevo, caballo viejo.

A caballo ajeno, espuelas propias.

A caballo comedor, cabestro corto

A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.

A caballo grande, grandes espuelas.

A caballo muerto, la cebada al rabo.

A caballo que se empaca, darle estaca.

A caballo que vuela, ¿para qué la espuela?.

A caballo regalado no se le mira el colmillo.

A caballo regalado, no le mires el diente.

A cabo de cien años, todos seremos salvos o calvos.

A cada cabeza, su seso.

A cada cerdo, le llega su San Martín.

A cada cien años los reyes son villanos, y al cabo de ciento diez, los villanos son reyes.

A cada cual dé Dios el frío, como ande vestido.

A cada cual lo suyo, y a Dios lo de todos.

A cada cual se le levantan los pajarillos en su muladar.

A cada día su pesar y su esperanza.

A cada necio agrada su porrada.

A cada pajarillo, le gusta su nidillo.

A cada parte hay tres leguas de mal camino.

A cada pez le llega su vez.

A cada puerco le llega su sábado.

A cada puerco le llega su San Martín.

A cada puerta, su dueña.

A cada Santo, le llega su hora.

A cada uno le huele bien el pedo de su culo.

A calza corta, agujeta larga.

A camas honradas, no hay puertas cerradas.

A camino largo, paso corto.

A can que lame ceniza, no fiarle harina.

A candil muerto, todo es prieto.

A capa vieja no dan oreja.

A capar se aprende cortando cojones.

A caracoles picantes, vino abundante.

A carne de lobo diente de perro.

A carnero castrado no le tientes el rabo.

A carnicera por barba, y caiga quien caiga.

A cartas, cartas, y a palabras, palabras.

A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.

A casa de tu hermano no irás cada verano.

A casa de tu hermano no vayas de ordinario; y menos, si es casado.

A casa de tu tía entrada por salida.

A casa de tu tía, mas no cada día.

A casa de tu vecino a prestar favores y no a pedirlos.

A casa del amigo rico, irás siendo requerido, y a casa del necesitado, iras sin ser llamado.

A casa del cura, ni por lumbre vas segura.

A casa nueva, puerta vieja.

A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.

A casa vieja puertas nuevas.

A causa perdida, mucha palabrería.

A cautela, cautela y media.

A cavador perucho, si le dieres algo, que no sea mucho.

A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.

A cena de vino, desayuno de agua.

A chica cama si queréis remedio, echaos en medio.

A chico caudal, mala ganancia.

A chico pajarillo, chico nidillo.

A chico pié, gran zapato.

A chico santo, gran vigilia.

A chillidos de puerco, oídos de matancero.

A comida de olido, pago de sonido.

A confesión de castañeta, absolución de zapateta.

A confite de monja pan de azúcar.

A consejo de ruin, campana de madera.

A consejo malo, campana de palo.

A cordero extraño, no agasajes en tu rebaño.

A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.

A cualquier cosa llaman rosa.

A cualquier dolencia, es remedio la paciencia.

A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.

A cualquier trapo con tirilla, le llaman camisa.

A cualquiera se le muere un tío.

A cuarto vale la vaca, y si no hay cuarto no hay vaca.

A cuenta de los gitanos, hurtan muchos castellanos.

A cuentas viejas, barajas nuevas.

A dádivas, no hay acero que resista.

A dinero en calderilla, poca y mala musiquilla

A dineros dados, brazos quebrados.

A dineros pagados brazos cruzados.

A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.

A Dios rogando y con el mazo dando.

A Dios se dejan las cosas, cuando remedio no tienen.

A Dios se le dan las quejas, y al diablo las disparejas.

A Dios, al padre y al maestro, tenga el niño gran respeto.

A Dios, llamaron tú. A Dios, lo mejor del mundo; pues es Señor sin segundo.

A donde el corazón se inclina, el pie camina

A donde irá el buey que no are, sino al matadero?

A donde las dan, allí las toman.

A donde no está el dueño, no está su duelo.

A dos palabras tres porradas.

A ellas, padre, vos a las berzas y yo a la carne.

A embestida de hombre fiero, ¡pies para que os quiero!

A enemigo que huye, puente de plata.

A enfermo de encontrón, medicina de trompón.

A enfermo, niño o anciano, hay que tenderles la mano.

A envestida de hombre fiero;... pies para que os quiero

A escote, no hay nada caro.

A escote, no hay pegote.

A espaldas vueltas, memorias muertas.

A este son, comen los del ron, ron.

A falta de caballos, troten los asnos.

A falta de corazón, buenas las piernas son.

A falta de faisán, buenos son rábanos con pan.

A falta de gallina, bueno es caldo de habas.

A falta de hombres buenos, a mi padre hicieron alcalde.

A falta de manos, buenos son pies.

A falta de pan, buenas son tortas.

A falta de polla, pan y cebolla.

A falta de reja, culo de oveja.

A falta de vaca, buenos son pollos con tocino.

A fiar lo asesinó el mal pagar.

A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.

A fuego y a boda, va la aldea toda.

A fuerza de ayunos llegan las pascuas.

A fuerza de varón, espada de gorrión.

A fuerza de villano, hierro en mano.

A galgo viejo, echádle liebre, no conejo.

A gallego pedidor, castellano tenedor.

A gato viejo, rata tierna.

A gato viejo, ratón tierno.

A gloria me sabe el vino que viene de blanca mano y en un cristalito fino.

A golpe dado no hay quite.

A golpe de mar, pecho sereno.

A gracias de niño y canto de pájaros, no convides a tu amigo.

A gran arroyo, pasar postrero.

A gran cabeza, gran talento, si es que lo tiene dentro.

A gran hambre no hay pan malo, ni duro ni bazo.

A gran pecado, gran misericordia.

A gran prisa, gran vagar.

A gran salto, gran quebranto.

A gran seca, gran mojada.

A gran subida, gran caída.

A grandes males, grandes remedios.

A grave culpa, suave comprensión.

A gusto dañado, lo dulce le resulta amargo.

A hierro caliente, batir de repente.

A hija casada, los yernos a la puerta.

A hijo malo, pan y palo.

A hombre de dos caras, rayo que lo parta.

A hombre jugador y a caballo correlón...,¡Ay qué poco les dura el honor!.

A honra demasiada, interés hay encubierto.

A hora mala, no ladran canes.

A hoy, lo veo; en mañana, poco creo.

A idos de mi casa" y "qué queréis con mi mujer" no hay que responder.

A invierno lluvioso, verano abundoso.

A ira de Dios, no hay casa fuerte.

A jugar y perder, pagar y callar.

A juventud ociosa, vejez trabajosa.

A la ballena todo le cabe y nada la llena.

A la bestia cargada, el sobornal la mata.

A la boda del herrero, cada cual con su dinero.

A la borrica arrodillada, doblarle la carga.

A la bota, darla el beso después del queso.

A la burla dejarla, cuando más agrada.

A la cabeza, el comer endereza.

A la cama no te irás, sin saber una cosa más.

A la carne vino, y si es jamón, con más razón.

A la chita callando, hay quien se va aprovechando.

A la col, tocino; y al tocino, vino.

A la corta o a la larga, el galgo a la liebre alcanza.

A la dama más honesta, también le gusta la fiesta.

A la de amarillo, no es menester pedillo.

A la feria muchos van a ver y no a comprar.

A la feria se va por todo; pero por narices no.

A la fortuna, por los cuernos.

A la fuerza ahorcan.

A la fuerza no es cariño.

A la fuerza, ni los zapatos entran.

A la fuerza, no hay razón que la venza.

A la galga y a la mujer, no la des la carne a ver.

A la gallina apriétale el puño y apretarte va el culo.

A la gallina y a la mujer, le sobran nidos donde poner.

A la garganta del perro, échale un hueso si le quieres amansar presto.

A la gorra, ni quien le corra.

A la guerra, con la guerra.

A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el agua.

A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.

A la hija casada sálennos yernos.

A la hija mala, dineros y casarla.

A la hija muda, su madre la entiende.

A la hija, tápala la rendija.

A la hora de la quema, se verá el humo.

A la iglesia de Dios ni darle ni quitarle.

A la iglesia por devoción, y a la guerra por necesidad.

A la larga el buen manjar, cansa al fin el paladar.

A la larga, el galgo a liebre mata

A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.

A la leche, nada le eches; y debajo aunque sea cascajo.

A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde

A la luna, el lobo al asno espulga.

A la luz de la candela, toda rústica parece bella.

A la luz de la vela no hay mujer fea.

A la madrastra, el nombre le basta.

A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.

A la mal casada, déla Dios placer, que la bien casada no lo ha menester.

A la mal casada, miradla a la cara.

A la mala costumbre, quebrarle la pierna.

A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.

A la mañana el blanco y el tinto al sereno.

A la mañana puro y a la tarde sin agua.

A la mar madera, y huesos a la tierra.

A la mejor cocinera, se le ahuma la olla.

A la mejor cocinera, se le va un tomate entero.

A la mesa me senté, y aunque no comí, escoté.

A la mesa y a la cama, a su hora honrada.

A la mesa y a la cama, solo se llama una vez.

A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.

A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.

A la moza andadera, quebrarle la pierna y que haga gorguera.

A la moza mala, la campana la llama, que a la buena, en casa la halla.

A la moza que mal lava, siete veces la hierve el agua.

A la moza que ser buena, y al mozo que el oficio, no les puede dar mayor beneficio.

A la moza y a la parra, álzala la falda.

A la moza, con el mozo, y al mozo con el bozo.

A la muerte, no hay cosa fuerte.

A la mujer barbuda, de lejos se le saluda, con dos piedras mejor que con una.

A la mujer bailar y al asno andar y rebuznar; faltando quien, el diablo se lo ha de enseñar.

A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento

A la mujer bigotuda, de lejos se le saluda.

A la mujer brava, la soga larga.

A la mujer búscala delgada y limpia que gorda y guarra ella se volverá.

A la mujer casada y casta, el marido le basta.

A la mujer casada, no le des de la barba.

A la mujer casera, el marido se la muera.

A la mujer casta, Dios le basta.

A la mujer fea, el oro la hermosea.

A la mujer honrada, su propia estima le basta.

A la mujer loca, más le agrada el pandero que la toca.

A la mujer mala, poco aprovecha guardarla.

A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.

A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.

A la mujer por lo que valga, no por lo que traiga

A la mujer que fuma y bebe el diablo se la lleve.

A la mujer ventanera, tuércela el cuello si la quieres buena.

A la mujer y a la burra, todos los días zurra.

A la mujer y a la cabra, la cuerda larga.

A la mujer y a la gata, no les lleves la contraria.

A la mujer y a la mula, por el pico les va la hermosura.

A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.

A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.

A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.

A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.

A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.

A la mujer, búscala fina y limpia, que gorda y sucia ya se hará.

A la mujer, el hombre la ha de hacer.

A la ocasión la pintan calva.

A la par es negar y tarde dar.

A la pereza persigue la pobreza.

A la prima se le arrima y a la hermana con mas ganas.

A la primera azadonada, ¿queréis sacar agua?.

A la puta y al barbero, nadie los quiere viejos.

A la que bien baila, poco son le basta.

A la que da con mal marido, se le va lo comido por lo servido.

A la que quiere ser mala, poco aprovecha guardarla.

A la que sabes mueras, y sabía hacer saetas.

A la que te criaste, te quedaste.

A la que tenga más de treinta no la pretendas.

A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.

A la res vieja, alíviale la reja.

A la ruin oveja la lana le pesa, y al ruin pastor el cayado y el zurrón.

A la sombra de los buenos, viven los malos.

A la sombra de un hilo, se la pega una mujer a su marido.

A la sombra del favor, crecen vicios.

A la sombra del que camina se para el que está gateando.

A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.

A la tercera va la vencida y a la cuarta la jodida.

A la tercera, va la vencida.

A la vaca que no se cubre, se le seca la ubre.

A la vaca, hasta la cola le es abrigada.

A la vejez se apoca el dormir, y se aumenta el gruñir.

A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.